Matar a Jácome

Capítulo 1

Era una buena idea. Sí, seguro que sí. La cosa es pensar bien cómo hacerlo sin levantar sospechas. En estos tiempos, hay mucha policía en las calles, incluso podemos encontrarnos a cuerpos militares, a milicias y a la guardia civil, claro. Sí, como si esto fuese una dictadura o una distopía, una realidad imposible de ser soñada, salvo en una mala película de serie B, o en uno de esos libros de ciencia ficción que podrían haber escrito los hermanos Arkadi y Boris Strugatsky. Pero no. Esto es solo un confinamiento, una pandemia. Lo normal.

Sí, ahora es lo normal. Primero fue el COVID-19, después las sucesivas mutaciones, y llevamos más de tres años seguidos sufriendo la expansión de esta enfermedad. Y las muertes, y los confinamientos, los miedos, se han convertido en nuestro día a día, a partir del principio de aquel año, a partir de febrero. Sabemos que, acabado el verano y antes de noviembre llega el virus. Siempre llega.

Hoy es 31 de marzo de 2023 y aquí, en la ciudad, en nuestra geografía más próxima, apenas pasa nada. Como en el resto de lugares, pero peor. Para los nostálgicos un 31 de marzo de 1881 se inauguró una de las primeras líneas férreas de nuestro país, la que unía Ourense y Vigo, y aún hoy seguimos unidos, aunque seamos tan pocos. Por eso del glamour, un 31 de marzo, de otro año, se inauguró en París, la Torre Eiffel, sí, creo que en 1889, pero de todos modos, a quién le importa ya. Yo hoy no quiero hablar de nada de esto, solo quiero recuperar fuerzas y contaros algo 

Suspiró profundamente, y cuando se disponía a hablar, de repente, notó algo. Levantó la cabeza y vio una estrella fugaz. O pueda que fuese otra cosa. Talvez era un satélite, o un objeto volante no identificado. No lo sé. Quién sabe? Ahora todos miramos mucho al cielo, no salimos demasiado de casa, los canales de televisión solo emiten basura, y los cortes de internet cada día son más frecuentes. Podemos mirar por la ventana o leer. Y yo prefiero mirar por la ventana.

Se quedó absorto, y recordó que tenía que llamar a Juliana, que hacía mucho tiempo que na sabía nada de ella. Cogió el teléfono y marcó muy despacio todos los números del teléfono como si estuviese masticando en su mente los nombres: seis cinco cinco, cinco cuatro, cuatro cinco, nueve uno. Pulsó el botón virtual de la llamada. Y esperó. Pero de repente colgó. No comprendía por qué, pero como si una fuerza interior dirigiese sus dedos, automáticamente, pulsó la tecla roja y colgó. No entendía nada. Tenía la misma sensación que tienen los títeres cuando son manipulados por los titiriteros. Angustia, impotencia, y una profunda sensación de que su vida estaba dirigida por alguien, escrita, predeterminada.

Alargó la mano para coger el paquete de tabaco, pero como si estuviese borracho, no conseguía alcanzarlo. Impotente, lanzó un grito inconsciente y se despertó.

Estaba en una cama de hospital, en la mesa auxiliar, había un par de mascarillas. Justo encima de donde tenía el paquete de tabaco se veía una hoja de papel doblada por la mitad. En letras muy pequeñas estaba escrito un texto: “Matar a Jácome”. Y Camilo no supo qué pensar.

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