Los hilos de la vida (capítulo 25)

Novela 2025

La vida está llena de historias, y las historias construyen novelas y futuros. Aquí, en el texto, Pablo acaba de llamar a Silvia para contarle algo muy importante. Mientras tanto, Silvia descansa sin saber, y piensa en su conversación con Camilo y todo lo que vendrá después. Sobre Pablo, sobre Silvia, sobre Camilo, se construye esta historia.

Pablo es abogado de una reconocida familia de la ciudad, y cuando se produce el golpe militar y se establece el Directorio, pasa a dirigir la Policía Militar, la policía del Directorio, compaginándolo con su profesión. Él es un tipo social medio, una buena persona, amable, respetuoso, cumplidor con la sociedad, y encarna a la perfección al personaje protagonista de un conocido libro de Hanna Arendt que tiene por título Eichmann en Jerusalén, porque sí, porque Pablo es, por encima de todo, un tipo banal, con lo bueno y con lo malo que tiene este término.  Si sirves café en un bar, o sencillamente te dedicas a pulsar un botón en el Congreso de los Diputados, y eres banal, no pasa nada. Si, por el contrario, eres jueza o decana de una universidad y eres una persona banal, la cosa cambia. Mucho. Para muestra, nuestra época.

No sabemos cómo acabará Pablo en esta historia, porque las personas como Pablo siempre acaban bien. El problema es que suele ser la sociedad la que acaba mal. Sí, justamente, por personas como él. Esto es lo que pensaría un narrador moralista, pero como todos sabemos, los narradores no son moralistas. O, tal vez si?

Silvia es diferente. Las mujeres son diferentes. En la creación literaria, los personajes femeninos escritos por hombres, siempre, o casi siempre, responden a un cliché. Al cliché del patriarcado, que traducido a la lengua común significa que esas mujeres, o bien son débiles y malas, o bien son fuertes y malas, pero desde luego son siempre malas. Pueda que tenga razón aquel amigo del escritor, Mario Portela, cuando decía que el futuro es de las mujeres y de sus epistemologías, o sea, de su forma de hacer las cosas y de enfocar los problemas. Para una mujer que dirige un país, la guerra es una alternativa? Qué pasaría si Putin fuese una mujer? Margaret Thatcher diría que pasaría exactamente lo mismo, porque el que ocupa el poder siempre se comporta igual, pero habría que probar y ver.

Silvia trabaja como médico en Coruña, y por los azares de la vida, la pandemia previa al Directorio Militar la pilló en Madrid, y cuando volvió su vida saltó por los aires. Pablo, su pareja, cambió, y ella no pudo soportar que se convirtiese a sus ojos en un monstruo, aunque él siempre lo negó, como todos los monstruos. Y lo dejó, y siguió con su vida, hasta que de nuevo por esos azares de la vida y de la creación, conoció a Camilo y sin saber por qué, se quedó fascinada por él. Él no es Pablo, si no Camilo. Sí, el típico cliché de un personaje femenino fruto del patriarcado, aunque yo creo que aquí las cosas tampoco son lo que parecen, pero yo soy el narrador, no el que se inventó esta historia. 

El caso es que conoce a Camilo, y acercándose a él, se acerca también, sin quererlo, a la resistencia al Directorio Militar que domina la realidad en ese mundo distópico. Así, aparece Camilo, por casualidad, por eso resulta curioso que sexa precisamente él, el protagonista del primer capítulo de esta historia. Como si estuviese predestinado en su periplo vital para ello. Y Camilo es el típico personaje con el que todos empatizamos, aunque seguro que empatizamos por lo que vemos desde fuera, aunque no conozcamos nada más. Protestón, jodido, tremendamente inteligente, y responde a esa imagen de la que hablaba China Miéville en aquella conferencia titulada Marxismo y Halloween, y en la que contaba que la gente de izquierdas tocaba tanto las narices que parecía que lo criticaba todo por criticar. Pues bien, ese es Camilo.

Trabajaba como periodista hasta que todo se torció. Llegó el Covid, la revuelta, el golpe de Estado y el Directorio Militar, y sin saber muy bien cómo, o tal vez sí, acabó posicionándose contra el poder, casi de forma natural, casi sin mala intención, sencillamente mostrando lo que pasaba en la realidad y no haciéndose eco de las mentiras de los medios. Pero como decía aquel, en nuestro país decir la verdad es un pecado de lesa humanidad… Así Camilo se vio sin querer apenas, formando parte de la Resistencia, de los que intentaban acabar con el Directorio Militar, con la dictadura que, incomprensiblemente, se fue asentando en un sistema democrático como el nuestro.

En esas estaba cuando conoció a Silvia. Él se percató desde el principio que ella quería algo más que una amistad, que pasaba por compartir lo convulso de un tiempo como el que ellos estaban viviendo. Lo que ocurre realmente, es que él no quería nada más. Él estaba cansado de relaciones, de afectos y desafectos que siempre acababan igual y nunca llevaban a nada. Y a pesar de todo, la vida siempre acaba por sorprendernos, si no, al tiempo.

Queremos dejar constancia el narrador y los creadores de esta historia que lleva por título 2023, 2025 o 2026, que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. No existe un conflicto armado en Europa, no existe una pandemia que se llame Covid, no se está produciendo una idiotización de la sociedad, no se están asentando los totalitarismos en nuestras democracias. Y por supuesto, no existe una monarquía que hereda el poder que pasa de padres a hijos. Todo eso sería impensable en un mundo donde existiese democracia e igualdad. 

Sí, absolutamente impensable.