Saber dónde mirar (capítulo 23)

Novela 2025

En el capítulo anterior habíamos dejado a Silvia dormida, después de un día que había acabado con muchas sorpresas con Camilo. Sin embargo, Camilo no dormía. Lo habían llevado a casa y en cuanto llegó, se puso hacer café para coger fuerzas y seguir con la preparación del plan. Pero en lugar de despertarse con el café, se sintió más cansado, más desfallecido. Él no sabía por qué le pasaba eso, aunque pensó que podían ser las pastillas del corazón. Sí, seguro que había sido eso, se dijo, y durante un momento se quedó tranquilo.

Pero no, no eran las pastillas del corazón, era el agua con la que había hecho el café. El Directorio Militar lo controlaba todo, o casi todo, y no sabemos cómo lo hacía, pero el agua con la que se había preparado el café estaba envenenada con arsénico. Pero Camilo no lo sabía. Solo supo que no pudo seguir con la preparación del plan, porque no se conseguía concentrar y a medida que tomaba más café, se producía un efecto inverso y se sentía más y más cansado.

Desconcertado, se sentó en el sofá y encendió la televisión. Fue haciendo zapping por todas las cadenas. A pesar de la hora, en todos había alguna emisión enlatada. Desde el comienzo de la dictadura militar, se inició una política de información y concienciación, como ellos le llamaban, aunque era justamente lo contrario, desinformación y vaciado del cerebro.

Al principio la gente se reía de cómo podía pensar el Directorio Militar que se podía conseguir algún tipo de persuasión de este modo, que no pasaba de ser vulgar e imposible de creer. Sí, eso fue solo al llegar al poder, porque controlados los medios, limitado el acceso a los canales de información, al estar Internet cerrada o censurada, la línea no aguantaba ni un mega, la consecuencia fue que volvimos a la época anterior a la existencia de Internet, como si estuviésemos viviendo en los años ochenta del siglo pasado. Y también como en esa época, la televisión tradicional y la radio marcaban el pulso del día a día. Sí, el pulso de una sociedad sin pulso.

Todos los noticiarios hablaban de lo mismo. Podías ir cambiando de canal, que la noticia quedaba en unos, a los treinta segundos se repetía en los otros. Además, los telediarios se habían vuelto largos, de tres o cuatro horas de duración. También en todas las cadenas. Primero repetían las noticias de forma sesgada, mezclando desgracias que ocurrían en lugares alejados, pero que eran contadas de forma extracta para que pareciese que estaban pasando en tu ciudad. Después se pasaba directamente a las noticias deportivas que ocupaba más de cuarenta minutos de programa y que acababan con una tertulia deportiva que le ponía punto final. En el medio, noticias del corazón que se distribuyen entre información de la vida de los ministros y de la casa real, hijos, sobrinos, nietos, y todas sus peripecias. Y me olvidaba, también había una sección de cuarenta minutos con el tiempo meteorológico, que consistía en la intervención de un humorista vestido con los colores de la policía del directorio que comentaban las fotografías que se iban incorporando sobre el clima al croma del fondo. Así en las tres franjas horarias, así todas las semanas, menos el domingo, el día del Señor como le llamaban, que mantenía este formato en las televisiones públicas, mientras en las privadas se alternaba por la mañana con celebraciones religiosas y por la tarde con partidos de fútbol, baloncesto, tenis y equitación. A veces, los telediarios emitían entrevistas, de gran formato, de policías, de alcaldes, de políticos, también en todos los canales, y con la única diferencia de que los anuncios que aparecían eran diferentes.

Producía hilaridad ver como los periodistas mantenían la cara alta con orgullo, aunque en el fondo sabían lo que estaban haciendo. De hecho, llevaban mucho tiempo actuando de este modo. Mirando hacia otro lado ante los atropellos del poder, ya fuese el poder económico, el poder social, o en este momento el poder del Directorio Militar. Aun se recuerda lo que había pasado cuando los medios de comunicación no sacaban ninguna información sobre bancos arruinados o sobre empresas en quiebra. Por eso Caixa Galicia, Caixa Nova, la actual Abanca, a base de dinero consiguieron que no saliese ninguna información que les perjudicase. Esta historia también se la habían contado a Camilo. Decían que empresas como Pescanova, Coren e incluso instituciones públicas como universidades y diputaciones, todas, laminaban cualquier crítica pública, a cambio de dinero, de publicidad en esos medios. Pero seguro que todo eso no era cierto, así que nadie se debería dar por aludido. Seguro que era mucho peor. 

Por eso a nadie le extrañaba que ahora lo interesante era ver los anuncios. De hecho, había gente que lo único que hacía era eso, ver anuncios. Justamente eso era lo que estaba haciendo en este momento Camilo, mientras fumaba en el sofá. Ver anuncios. La basura televisiva nunca había llegado a tanto como ahora durante el Directorio Militar, o eso era lo que se pensaba en todas las épocas. Lo bueno que tiene la basura es que casi nadie repara en ella, y por eso es el mejor sitio para esconder cosas. Delante de todo el mundo, pero en la basura. A las personas nos produce un cierto pudor mirar la basura, salvo a los locos que les produce fascinación, al resto nos incomoda. Cuando vamos por la calle y vemos a alguien durmiendo en un portal, no podemos mirar, es como si la vergüenza ajena nos obligase a mirar para otro lado, no vaya a ser que nos sintamos culpables.  

Por esta razón, la Resistencia al Directorio Militar aprendió que la mejor forma de comunicar cosas era a través de este medio, a través de la basura, en este caso televisiva. Sobre todo porque pasaba completamente desapercibida, salvo para los que sabían dónde mirar. Sí, como siempre, para los que sabían dónde mirar.

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