Quemados en el fin del mundo

Art Pin XIX Goya Francisco de El perro M Prado 1820 a 1823

Dos millones trescientos mil metros cuadrados. Esto es, sencillamente, todo lo que se quemó en un sólo incendio en Ourense, en Palmés. A veces, las cifras ocultan la dimensión de un problema. 230 hectáreas son mucho pero no definen el drama de un país que se quema cada año y que se va consumiendo poco a poco: Palmés, Entrimo, Vilardevós.

Pensamos que la tierra, en este caso Galicia, e incluso sus ciudadanos y ciudadanas no valen nada. Que no valemos nada. Y demasiadas veces no conseguimos superar ese complejo de inferioridad. El autoodio que se refleja tan bien en nuestra propia lengua. Decía Manuel Rivas que Galicia es un país conservador donde no existen conservadores. Y esta es una maldición que sólo superaremos con más cultura y con más educación. Para llegar a ser civilizados.

Y Ourense es un territorio que hay que conocer si queremos comprender Galicia. Porque tiene lo mejor y lo peor de una identidad que intenta desde hace muchos siglos sobrevivirse a sí misma. Pero malamente lo consigue.

Mientras tanto, el Tribunal de Cuentas informa de que en el Estado español los partidos políticos recibieron 216,7 millones de euros, es decir, 36.136 millones de pesetas. Y las cifras asustan. Sabiendo el coste por provincia cada político tomaría conciencia de la deuda que tiene con sus ciudadanos. Y sus ciudadanos serían conscientes de lo que son acreedores.

Produce bochorno ver cómo un concejal de Urbanismo como Cudeiro pretende organizar un PGOM, y al mismo tiempo trabajar de asesor en la Diputación de Ourense; y produce vergüenza su cinismo justificándolo, como si las instituciones estuviesen al servicio del espabilado de turno.

También es inaceptable insultar en un pleno a un edil. Y hay que ser muy cortos de vista para justificarlo. Como inaceptables son los insultos y los desprecios de Jácome en el de Ourense. Si tuviese algo de sensatez y de responsabilidad no actuaría así. Pero no la tiene. Y es fascinante ver cómo quien profirió más descalificaciones en el ayuntamiento es tan sensible a la descalificación cuando le toca.

Hablarles a unos y a otros de Voltaire y del respeto a los demás es una batalla perdida. Hablarles del valor de la ideología o de la democracia no sirve de nada. Como para no estar quemado. Doblemente quemado. En el fin del mundo.

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